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La Voz de la Afición: parecemos inferiores a la realidad


Si el centro del campo no está “afinado”, si no hay pases más certeros y se lleva el control de la velocidad-tiempo en el partido, las coberturas quedan sin efecto por las distancias, las imprecisiones y que la pelota “quema” en situaciones más complicadas por la agresividad-presión del contrario, los laterales no encuentran espacios para subir, nadie cubre ni apoya con garantías a los centrales y la salida de balón desde la defensa se ve cercenada por el marcaje férreo (con la permisividad de un árbitro con más prisa que un mal torero o un ladrón), el equipo parece muy inferior a sus posibilidades reales.

Algunos detalles de Pombo, de Febas (más por aparición que por efectividad, perdiendo ocasiones de pase o de desmarque por falta de velocidad (en desmarques), control (repitiendo hasta la sociedad el control de espaldas cuando era misión imposible lograrlo y perdiendo el balón sin conseguir pasarlo a un compañero) y por no conseguir dar un rendimiento de posesión (suya) y pase filtrado entre la poblada defensa armera que se traducía en pérdida y consiguiente contraataque con peligro del Eibar.

De ser un canterano se le exigiría lo que le pido: maximizar el rendimiento de su posesión-conducción de balón con un peligro en ataque, y más si hay que desterrar a Buff a la banda para que él “pueda destacar” jugando donde le gusta y, como ayer me pareció, volviendo locos a sus compañeros en el posicionamiento defensivo al perder más balones que maletas en algún aeropuerto. La lesión de Papunashvili y la falta de ritmo de Oyarzun (Alain), nos privaron ayer de la posibilidad de ver al “equipo tipo”. Mientras “se nos caiga la baba” con el juego efectista de alguno y se deje de pensar en que esto es un juego de equipo en el que el balón debe correr y los futbolistas ocupar sus posiciones, según han ido entrenando en función de las situaciones que vaya ofreciendo el partido, flaco favor haremos a la construcción y afianzamiento del equipo.

Lo de Verdasca (y Zalaya si se le dan oportunidades) se arregla como se arregló lo de Rico: jugando partidos que les hagan ganar en experiencia y sintiéndose arropados por la experiencia de sus compañeros. Lo demás es quemar naves y pedir otro. Tener paciencia no consiste en ver, oír y callar, también es decir los errores y buscar la manera de solucionarlos. Para echarlo todo por tierra ya están los impacientes y los desubicados (que no saben dónde ni cómo estamos).

 

Manuel Esteban López Lapuente

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