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Los caprichos de una prima donna (Real Zaragoza 1 – Nàstic de Tarragona 1)


Caro empate el obtenido anoche por el Real Zaragoza ante el Nàstic de Tarragona. No solo por la pérdida de dos puntos merecidos, sino por la lesión de Benito y la absurda expulsión de Borja, una muesca más en el revólver de Figueroa Vázquez, protagonista voluntarísimo de la noche.

¿Quién no ha escuchado acerca de las extravagantes solicitudes que hacen las grandes estrellas del cine o de la música en los hoteles en los que se alojan cuando están actuando lejos de su hogar? Por muy caprichosas que parezcan, no son cosas menores, pues sin ellas dicho artista no acordará su actuación. La Romareda volvió a tener anoche otra prima donna sobre el escenario, pero esta vez no era ni Madonna ni Michael Jackson, y su único instrumento era un silbato. Por mucho que duela redactar una crónica con tanta presencia arbitral como ésta, no queda más remedio que denunciar un tendencioso arbitraje con la vana esperanza de que, tal vez, estas líneas no caigan en saco roto y se pueda impedir que este señor imparta su particular justicia y salga indemne de ello. Ya veníamos avisados, este es el colegiado que expulsó a Ratón tras mostrarle dos tarjetas amarillas por perder tiempo. Tal vez él venía avisado también de la posible animadversión que su presencia causaría en la Romareda, porque de manera totalmente consciente se erigió en el máximo protagonista del partido.

Natxo dio una pequeña sorpresa en la previa del encuentro al dejar fuera de la convocatoria a Pombo y Javi Ros, siguiendo con las rotaciones tras el partido de Copa del pasado jueves. Eguaras flanquearía a Zapater, y Febas jugaría por banda izquierda. El Nàstic, por su parte, vino a lo que vino. Con el equipo inmerso en la zona de descenso desde el inicio del campeonato, lo que ya le costó el puesto a Lluís Carreras, los de Rodri (segundo entrenador blanquillo el año pasado bajo la batuta de Agné) consideraban el empate inicial como una victoria. Ya desde el primer saque de puerta, Dimitrievski se dedicó a perder tiempo, con la connivencia arbitral. El Nàstic lo apostaba todo a cerrar todos los espacios posibles atrás, y buscar alguna opción arriba si se presentaba la ocasión. Cristian Álvarez desbarató más de una con una seguridad apabullante. Por su parte, el fútbol ofensivo de los locales se atascaba, y tuvo que ser a balón parado como el conjunto aragonés abriría la lata.

En primer lugar, una falta directa demasiado cercana a la frontal que Buff no consiguió tirar entre palos al elevarla en exceso para salvar la barrera. La anécdota de la jugada fue que el central Molina, no conforme con la distancia a la que Figueroa Vázquez había situado dicha barrera, se permitió la frivolidad de medir él de nuevo la distancia. El colegiado se tomó esa afrenta como un insulto a su autoridad y le amonestó con tarjeta amarilla. En segundo lugar, en el minuto 18, de nuevo Buff botó un saque de esquina, Toquero se adelantó a todos y de un gran cabezazo estableció el 1-0 en el marcador. Y entonces todo se torció. Rodri declaró en la rueda de prensa posterior al partido que su planteamiento era plan era intentar jugar, no ensuciar partidos ni provocar cosas. Eso no es así. El marcador en contra provocó un juego violento por parte de sus jugadores, con una permisividad total del trío arbitral.

Buff sufre una de las numerosas faltas que le hizo Tejera

La impotencia se hizo patente en la grada de la Romareda cuando, patada tras patada, el colegiado a veces no veía falta, y cuando la veía, no amonestaba el juego violento. Febas y Buff eran los blancos favoritos, y Sergio Tejera, el principal ejecutor. Que acabase el partido sin ver ni una amarilla fue toda una broma de mal gusto. Además, al colegiado le traía sin cuidado la integridad física de los jugadores. En una jugada de ataque tarraconense, Delgado acabó por los suelos echándose las manos a la cara, y aunque el juego seguía, no se levantó. Los jugadores del Zaragoza no sabían si echar el balón fuera o seguir jugando, mientras los del Nàstic reclamaban lo primero, y miraban hacia el colegiado para ver qué determinaba. Él, por su parte, daba la espalda en todo momento a Delgado, ignorando conscientemente lo que ocurría. Finalmente el Zaragoza se decidió a seguir jugando, y Abraham cortó la jugada con una dura entrada a Eguaras para detener el juego. El blanquillo reaccionó empujando a Abraham, y se enzarzaron en una bronca de la que les tuvieron que separar sus compañeros. Mientras tanto, el colegiado rodeó al grupo con la tarjeta amarilla en la mano, sin hacer nada por poner orden, para amonestar a ambos jugadores cuando la montonera finalizó. Delgado se levantó por fin, sin dar crédito a la actitud arbitral.

La cosa fue a más, y a mucho peor. Borja cometió una falta peleando por la posesión del balón, y vio la amarilla al ponerse delante del jugador que la fue a sacar. Ver una amarilla así, que sí que es sancionable, tras permitir el juego duro del Nàstic, fue demasiado para la Romareda, que empezó a increpar al árbitro. Ni cinco minutos después, Febas se fue en banda de dos rivales con un gran regate, aunque se le escapó el balón sobre la línea de cal. Sin embargo, recibió una dura entrada a destiempo con el balón fuera del campo. El colegiado pitó la falta, pero decidió no amonestar la entrada. Febas protestó, harto de ser el saco de los golpes, y Figueroa Vázquez le enseñó amarilla a él. En respuesta, Febas protagonizó después una gran jugada individual por banda, pero Dimitrievski sacó su remate, con Borja solo y listo para rematar. La afición se echó encima del árbitro, y éste debió pensar que era su deber castigar ese comportamiento, porque desde luego se aplicó en ello.

Corría el minuto 44 cuando llegó el momento más desgraciado de todos. Mientras el Real Zaragoza se preparaba para botar un nuevo saque de esquina, Benito se echó al suelo con claros gestos de dolor, demandando la asistencia de los servicios médicos en lo que parecía una rotura de fibras. Delmás se preparó a toda mecha y entró al campo sin calentar siquiera, mientras Benito daba golpes al terreno de juego presa de la frustración. Y cuando las cosas no podían pintar peor, en el alboroto en el área pequeña propio de un saque de esquina, Dimitrievski fingió una agresión tirándose al suelo. El colegiado miró la camiseta blanquilla más próxima al portero, vio que era Borja, le sacó la segunda amarilla y le expulsó, con la complicidad y ceguera de un asistente arbitral que estuvo negado en todo el partido. Si la justicia deportiva es imparcial, a Borja deberían retirarle esa tarjeta. Pero es que a Figueroa Vázquez deberían retirarle la colegiatura. La pitada en la Romareda en la retirada del trío en el descanso alcanzó niveles de récord en decibelios.

La segunda mitad quedó condicionada por esa expulsión. El Nàstic se encontró con un equipo dolido, desquiciado e incluso asustado en alguno de sus componentes. Eguaras, en quien debía recaer la organización del fútbol ofensivo de su equipo, y tal vez recordando sus errores en el anterior partido de Copa, se dedicó exclusivamente a reventar el balón cada vez que le caía cerca, sin pararse a mirar si se podía realizar alguna jugada. El equipo se encerró atrás y el Nàstic se preparó a atacar durante toda la segunda parte sin apenas interrupción, encantado con la situación. Y si alguna vez Buff o Febas se hacían con el balón y corrían hacia el campo contrario, aparecía Tejera para soltarles una patada en el pie de apoyo, con el permiso del árbitro, que para él no tenía tarjetas amarillas. En este tramo se engrandeció la figura de Cristian Álvarez, con una serie de intervenciones, alguna de ellas milagrosa, que mantenían su portería a cero.

Febas se prepara para rematar tras una gran jugada individual

Al final el fútbol ofensivo del Zaragoza consistía en saques en largo de Álvarez hacia Toquero, para que éste tratara de bajarlos de cabeza jugando hacia Buff. Pero incluso en esto tuvo que meterse Figueroa Vázquez. Obviando su manga ancha con Dimitrievski en la primera mitad, avisó verbalmente al guardameta argentino en el segundo saque de puerta de que no perdiera tiempo, para al final enseñarle la esperada amarilla en el minuto 59. De ahí al final quiso compensar mostrando amarillas a varios jugadores del Nàstic, pero cuidando de no repetir amonestación para no equilibrar la balanza entre ambos equipos. Natxo sentó a Febas y Toquero, posiblemente pensando en su integridad física, para dar entrada a Raúl Guti y Papunashvili. El Zaragoza jugaba encerrado en su medio campo prácticamente todo el tiempo, pero Papunashvili aprovechó un balón recuperado por Delmás para generar la única ocasión local de la segunda mitad. Tras regatear a los rivales se plantó en el área, pero el remate, similar al de su gol del pasado jueves, le salió demasiado bajo y no ocasionó problemas a Dimitrievski.

Rodri, viendo que no necesitaba a toda su defensa, cargó de hombres la medular y la delantera, y todo su plan consistía en jugar por bandas y centrar balones al área. Zapater actuaba como tercer central, apagando fuegos a uno y otro lado del área. Mikel González trataba desesperadamente de adelantar la línea defensiva para alejar a los rivales de la meta de Álvarez. Verdasca no se paraba a preguntar y, como Eguaras, despejaba todo lo que le pasaba por delante, en ocasiones sin mirar hacia dónde. Los minutos pasaban y la Romareda empezó a creer que era posible aguantar el resultado, así que no cejó en el empeño de animar a los suyos para que vieran que no se encontraban solos. Tan solo se paraba esto cuando el balón le llegaba a Dimitrievski, que se llevaba la segunda gran bronca de la noche por su papel en la expulsión de Borja. Cristian Álvarez parecía en estado de gracia, y detenía todos los remates que iban entre los tres palos.

Hasta que llegó otra ayuda arbitral. En un ataque por la izquierda, llegando casi a línea de fondo, el Nàstic incurrió en un fuera de juego que el asistente no vio. Y sí, era el mismo que en la primera mitad no vio cómo Dimitrievski simulaba ser agredido en la jugada que supuso la expulsión de Borja. Álvarez y media defensa se giraron hacia el asistente reclamando el claro fuera de juego, pero él les ignoró. El primer remate del Nástic en esa jugada se estrelló en el larguero, y Maikel Mesa aprovechó el rechace para batir por fin a Cristian Álvarez con un remate de cabeza que el meta rozó con los dedos. Corría el minuto 87, y es sintomático que fuese el último remate entre palos del equipo tarraconense del partido. El Nàstic vino a por un punto y, gracias a una vergonzosa y permisiva actuación arbitral, se lo consiguió llevar. Sin embargo, ese punto no les sirve para salir de la zona de descenso, cosa que sí ha conseguido el Real Zaragoza. Los jugadores blanquillos se tiraron al suelo presa del cansancio y la impotencia por no haber vencido el partido, pero la Romareda les premió con una sonorísima ovación que logró ensordecer el himno que suena al final de los partidos. Tras ayer, el fútbol le debe una al Real Zaragoza. Más de una. Y la prima donna también.

Ficha técnica:

Real Zaragoza: Cristian Álvarez; Benito (Delmás, 45), Mikel González, Verdasca, Ángel Martínez; Zapater, Eguaras; Toquero (Papunashvili, 64), Buff, Febas (Raúl Guti, 64); y Borja Iglesias.

Gimnástic de Tarragona: Dimitrievski; Kakabadze, Molina, Blanco (Omar, 67), Javi Jiménez; Gaztañaga, Tejera; Delgado (Uche, 57), Maikel Mesa, Abraham (Muñiz, 74); y Barreiro.

Árbitro: Figueroa Vázquez (Comité Andaluz). Expulsó a Borja Iglesias por doble amarilla (32 y 44). Amonestó a Molina (8), Abraham (25), Eguaras (25), Febas (36), Gaztañaga (55), Cristian Álvarez (59), Kakabadze (70), Javi Jiménez (75), Maikel Mesa (87) y Muñiz (93).

Goles: 1-0, min.18: Toquero. 1-1, min. 87: Maikel Mesa.

Incidencias: Noche veraniega en Zaragoza, con 28 grados al inicio del choque. El césped, se apreció algo mejorado respecto de las últimas dos semanas. En las tribunas de La Romareda, alrededor de 17.000 espectadores.

Toquero celebra su primer gol como zaragocista

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