Ir a…
RZFansen Google+RSS Feed

La violencia en el fútbol


LA VIOLENCIA EN EL FÚTBOL

La lacra que nos avergüenza

rzfans

Una reyerta orquestada a través de WhatsApp entre ultras del Atlético de Madrid y del Deportivo de la Coruña se saldó ayer con una víctima mortal. El hombre de 43 años deja mujer y un hijo de 4 años, además de otra hija de 19 fruto de una relación anterior.

Cuando ayer le narré a mi mujer los repulsivos acontecimientos que tuvieron lugar en la orilla del Manzanares, unas tres horas antes del partido que enfrentaba al Atlético de Madrid y al Deportivo de la Coruña, su reacción de incredulidad solo pudo ir acompañada de estas palabras: “En qué cabeza cabe viajar 600 kilómetros para matarse por la mierda del fútbol”. Como amante del fútbol que soy, no pude sino darle la razón, improperio incluido. Porque lo que ayer sucedió en Madrid quita todo lo que convierte a esto en un deporte, para convertirlo en esa porquería que últimamente hemos dado en llamar “fútbol negocio”.

Muchas cosas nauseabundas acontecieron ayer por la mañana en Madrid. La primera, la propia reyerta, organizada entre los dos grupos ultras (me niego a llamarles aficiones) vía WhatsApp, y para la que contaron con refuerzos de otros grupos llegados de lugares como Vallecas, Fuenlabrada, o incluso se habló de Gijón. Armas de todo tipo, con especial preferencia para las blancas, produjeron más de una decena de heridos, un fallecimiento, y multitud de contusiones. Tampoco fue mucho mejor la inoperancia de la Real Federación Española de Fútbol, que pese a ser día de jornada debían estar guardando fiesta, porque ante la solicitud de suspensión del encuentro realizada por la LFP tardaron tanto en contestar que se vino encima la hora de inicio y se decidió no hacer nada, salvo organizar una reunión para hoy. Dicha reunión ha recibido el jocoso apelativo de “urgente”.

Los clubes también patinaron seriamente, al tratar de quitar hierro al asunto y de sacudirse la responsabilidad. “Eso no es fútbol”, dijo el presidente colchonero. “No podemos controlar lo que sucede fuera de nuestros estadios”, dijo su homólogo coruñés. Esa postura no solo no ayuda, sino que ahonda en el problema. El discutido Joan Laporta podría pintarles a ambos la cara, recordemos que tomó el toro por los cuernos y expulsó a los Boixos Nois del Nou Camp. Ya entrada la noche, en el Larguero, Miguel Ángel Gil se empeñaba en seguir excusando a su club y llegó a decir “nosotros no somos los culpables, somos las víctimas”. Sin embargo, el presidente deportivista Tino Fernández pareció recapacitar a lo largo de la jornada y reconoció que los clubes deben ser parte activa para poner solución a esto.

Una de las pocas voces coherentes a lo largo de toda la jornada (literalmente, porque estuvo yendo de un medio de comunicación a otro a lo largo de todo el día) fue el presidente de la Liga de Fútbol Profesional, Javier Tebas. Apostando por la tolerancia cero, Tebas declaró lo contrario que los representantes del Atlético de Madrid, diciendo que tanto clubes como Liga son responsables, y que lo ocurrido por supuesto que tuvo que ver con el fútbol, que ampara y defiende a estos grupos radicales “porque son los que animan cuando el equipo va perdiendo”. Tebas apostó por una solución radical: los violentos deben ser expulsados de los campos de fútbol. Si forman parte de un grupo y dicho grupo no los erradica, todo el grupo debe ser expulsado. Y si el equipo de fútbol de turno no lo hace, se planteará una sanción económica para la entidad. Del mismo modo, adujo que “la violencia verbal también es violencia y como tal debe ser castigada, porque de ahí a la física solo hay un paso, solo se necesita a un energúmeno”.

El partido en el Vicente Calderón se jugó al final, pero el ambiente en la grada estaba muy enrarecido. Cerca del final del encuentro, los seguidores coruñeses no aguantaron más y gritaron “Asesinos” al Frente Atlético, llevándose una sonora pitada del resto de la grada. Sin embargo, un aficionado colchonero se puso de pie, calmó los ánimos en su lado del graderío, y en un gesto de conciliación, lanzó su bufanda hacia los aficionados visitantes, quienes aceptaron la ofrenda de paz y la refrendaron entregando a su vez a este hombre una bufanda propia. La grada inmediatamente se calmó y estalló una rotunda ovación. Eso sí es fútbol, y es lo que no debemos olvidar.

rzfans

Esto ya ha pasado antes. El caso de Aitor Zabaleta removió conciencias. El niño de 13 años que perdió la vida en el antiguo Sarriá alcanzado por una bengala hizo temblar los cimientos del deporte rey y cambió la normativa de seguridad. Pero siempre volvemos a lo mismo, una y otra vez. Y eso se debe a que los clubes no ponen freno a la presencia de los violentos, amparados bajo unos colores y una bandera que, en muchos casos, no son sino una excusa. Grupos de ideas radicales (lo mismo me da si son ideas nacionalistas o ideas falangistas) que se ocultan en las gradas, pero que solo saben hablar con un arma en sus manos. Grupos muchas veces alabados por los clubes por defender los colores, dándoles alas y mucha más importancia de la que merecen.

Coincido con Javier Tebas, quién me lo iba a decir, cuando pide la expulsión de los violentos del fútbol. No me importa que un grupo o peña se autodenomine ultra, siempre que su actividad no vaya más allá de animar en la grada, de denunciar lo que no les gusta de directiva o instituciones futboleras, y cosas así. En resumen, lo que la afición de la Romareda hacía en el pasado, y que es una de las cosas que más echo de menos en la actualidad. Antes cantábamos una inmensa mayoría, no la inmensa minoría actual. Sí me importa que dos grupo de aficionados que se supone que son zaragocistas viajen a Soria, y se enfrenten en una batalla campal entre sí, solo porque su ideología política es diferente. Causa vergüenza ajena, y me quedo corto con mi apreciación.

Nos queda esperar que esta vez sea la última, que el mundo del fútbol se ponga las pilas y erradique la violencia de una vez por todas. Nos queda dar el pésame a la familia del fallecido, pese a que no sintamos lástima por él, que viajó hasta Madrid para partirse la cara y se dejó la vida. Nos queda esperar que la gente que participó en esa reyerta se pregunte si eso por lo que se pegaban merece tanto la pena como para pagarlo con la vida. Y la esperanza más vana de todas, nos queda que esos asesinos (tanto los materiales como los que se quedaron en mera intentona) abandonen su odio o, por lo menos, el fútbol, y nos dejen a los demás disfrutar de este deporte en paz.

Compartir:Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter

Etiquetas:

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies