Ir a…
RZFansen Google+RSS Feed

Recuerdo de un “Lobo Feroz” (D. Carlos Martínez Diarte)


Biografías zaragocistas

El Prematuro fin

“Era alto e imponente a pesar de que la enfermedad le atacaba ya por todos los frentes. Después de comer, Carlos Lobo Diarte (Asunción, Paraguay, 1954) bajó aquel sábado soleado de abril de su piso en Valencia, frente al colegio José de Calasanz, con ganas de charlar de fútbol y literatura, las dos pasiones de sus últimos años de vida. El andar sigiloso y elegante hacía honor al apodo: El Lobo. Se lo puso su compañero en el Olimpia, Mario Ribarola, por la zancada rápida y larga. “Cuando me encuentre mejor, saldré a jugar con mis hijos a la cancha de aquí al lado”, suspiró esa tarde Diarte, exdelantero en los setenta del Zaragoza, el Valencia, el Salamanca y el Betis, que murió ayer tras varios meses luchando contra el cáncer.”

Así rezaba la necrológica de uno de los diarios mas importantes de este país el dia siguiente de que el mejor de todos los lobos que formaron la manada nos dejara un 29 de Junio del 2011 a la temprana edad de 57 años.

Sus inicios

El menor de ocho hermanos, Carlos se crió con su madre, en la Asunción de los años cincuenta, puesto que el padre los abandonó cuando él tenía dos años. Paraguay era un país de mujeres después de que tantos hombres fallecieran en la guerra de la Triple Alianza, frente a Brasil, Argentina y Uruguay. Y la madre de Diarte se empeñó en que sus hijos encontraran tiempo para estudiar. A pesar de que tuvieran que trabajar de lo que saliera: albañiles, panaderos…

Debutante siendo un “niño”

El fútbol le iba a dar una larga y brillante carrera. A los 16 años ya debutó en el club más laureado de Paraguay, el Olimpia. Tenía un físico privilegiado que le permitía correr con una poderosa zancada, regatear y ser un excelente cabeceador. Al principio, siempre jugó contra chicos duros y mucho mayores, de ahí que desarrollara un gran instinto de supervivencia. El 9 de enero de 1974 llegó a España, al Zaragoza, que pagó por él siete millones de pesetas.

Avelino lo “pesca” para un equipo legendario

Avelino Chaves, mítico personaje en la historia del Real Zaragoza, lo trajo a España de su Paraguay natal. Tenía 17 años. El técnico lo trajo sabiendo que se trataba del proyecto de un excelente futbolista, pero sin atisbar que bajo su manto portaba al mejor jugador que ha dado Paraguay siempre y a uno de los mejores futbolistas que ha pisado España a lo largo de todos los tiempos. El joven Lobo formó un lío a las primeras, junto a dos paisanos consagrados, Nino Arrúa y Ocampos. Los zaraguayos

Nino fundamental en su decisión de vestir “blanquillo”

Precisamente su enemigo íntimo en el Cerro Porteño, Saturnino Arrúa, sirvió como cebo. Seis meses después de la llegada de Nino a Zaragoza, y tras un puñado de llamadas telefónicas entre los compatriotas, el bueno de Carlos cogía el mismo avión a la Liga española. Con parecido pelo largo y cuidado, rasgos paraguayos y un colmillo voraz aterrizaba un lobo con hambre.

Difícil adaptación a Europa

Para ambos el traslado de continente fue tremendamente complejo. Atrás quedaba una Liga en la que habían hecho historia y en la que, a su corta edad, se había convertido en los iconos del lugar. El cambio suponía una transformación radical. De ciudad, de costumbres y de rol porque aquí en Zaragoza pocos sabían de sus hazañas a unos cuantos miles de kilómetros. Ese peso pesado futbolero había que ganarlo de nuevo en el césped y empezando desde cero. Diarte aterrizó un frío invierno de 1973 con el carné de suplente de su compatriota Felipe Ocampos en la cartera. En seguida, se puso a entrenar a las órdenes de Luis Cid Carriega.

Debut con “dudas”

Diarte supo pronto que la exigencia y las condiciones que iba a padecer en España se elevaban al cubo con respecto a las del campeonato paraguayo. Sólo unos días después de firmar su contrato visitó el viejo Atocha en el primer viaje con el grupo. Aquella noche no llegó a jugar pero vio con sus propios ojos una intensa lluvia y un barrizal tremebundo bajo los tacos de un Real Zaragoza que perdió por 2-0. Diarte, aunque no jugó un solo minuto, se convirtió en protagonista de lo que calificamos como zona mixta. Lo recogió la pluma de Alejandro Lucea: “No nos hemos merecido perder. Si el equipo me necesita, allí estaré aunque no estoy para jugar 90 minutos y menos en campos mojados como este. No estoy acostumbrado”. Lucea culminaba su columna con un deseo plausible de toda la afición blanquilla. “Queremos verle las orejas al Lobo”. Que visionario.

El “Lobo” empieza a morder

Esas “orejas”, además de su pelazo y su piel curtida por el sol, permanecieron tapadas hasta la segunda semana de febrero de 1974 en La Romareda. La afición, el club y la ciudad entera rendían homenaje a uno de los suyos, al gran Severino Reija. La visita de cortesía la hacía el campeón de la Liga húngara, el Upjest de Budapest, un perfecto desconocido que ofreció buen fútbol y mejor gaznate. Aquella noche en el restaurante de la Feria de Muestras, y tras ovacionar a Reija, los ilustres invitados se lo bebieron todo, a pesar de no saber ni una palabra de español ni de quién era aquel futbolista.

Diarte debutó en la segunda parte del homenaje. “Marcó un gol pero está lejos de su mejor rendimiento”. Su ADN goleador estaba colocado sobre el tapete, ahora le tocaba mejorar en prestancia y juego en favor del equipo. Diarte, arropado por el resto, lo agradeció. “Lo que tengo que destacar es el apoyo prestado por mis compañeros. Me han alentado continuamente en este partido”.

La Romareda lo corona

Aquella noche Severino escuchó el aplauso de todos, incluido el Gobernador Civil, el Alcalde de Zaragoza y el gran Paco Ortiz que ejerció de maestro de ceremonias. Sólo faltaron las majorettes y las reinas de las fiestas del Pilar. Los húngaros se marcharon calientes a su fría tierra y el millón de pesetas recaudado se destinó a obras benéficas. Por todo, Reija es hoy el futbolista más elegante.

Y Carriaga lo cuida

Luis Cid Carriega le protegió y Carlos captó el mensaje. Fuera presión “Ocampos es el titular y el entrenador se ha decido por él”. Lo dijo unos días antes de la visita a La Romareda de todo un Real Madrid. El técnico le dejó en el banquillo y colocó el peso del ataque en un Ocampos que tenía cuentas pendientes con Benito y que se marchó al vestuario a la media hora junto a Pirri. Arrúa marcó dos goles y resultó definitivo para sellar la victoria aragonesa.

El “Lobo” se hace un sitio

Las circunstancias, eso sí, dentro de un ambiente más tranquilo, volvían a colocar a Diarte como titular una semana después en Granada. Sin la presión del primer día respondió con un gol, el primero de los muchos que anotaría vestido blanquillo “Nadie echó en falta a Ocampos. En el juego de las comparaciones salió a favor del neófito que todavía es Diarte”. La botella volvía a estar llena. El tanto lo había anotado tras un pase milimétrico de su íntimo Arrúa. “Mostró cualidades sobradas para hacerse con un puesto en la delantera zaragocista”. Días después Ocampos pedía marcharse tras cinco enormes temporadas vestido de blanquillo y cuarenta goles entre cabeza y botas. Curiosamente Diarte no varió su mensaje “Tengo que rendir mucho más”.

Titular hasta la leyenda

Esa filosofía le catapultó al once titular y en imprescindible para Carriega. Su plenitud llegó el 4 de enero de 1976. Visitaba Zaragoza el Barça de Johan Cruyff y, a pesar de una actuación arbitral del colegiado López Samper más que controvertida, Diarte anotó tres goles y dio el pase del cuarto para propiciar un espectacular empate a cuatro final. “Estuvo valiente, combativo, rápido, inspirado, una pesadilla para la zaga culé ¿Se le puede pedir más? Sobresaliente”. Su techo en Zaragoza estaba más que alcanzado. Los Zaraguayos ya eran historia, tanto en el campo como en la ciudad. Diarte conquistó a una muchacha apoyado en las barras de la capital aragonesa y comenzó a recibir llamadas con muchas promesas y más ceros procedentes del Turia.

El Valencia lo tienta

Primero lo negó “Sólo pido que dejen de perseguirme. Ya basta de fantasías y de inventos. Hablé con Zalba de mi renovación. Pienso quedarme en Zaragoza para siempre”. “Piensa casarse e instalarse definitivamente en Zaragoza” decían los plumillas sabedores que la operación estaba pendiente de unos cuantos ceros más. La cifra se multiplicó por cinco. De cobrar poco más de un millón trescientas mil pesetas en Zaragoza pasaba a cinco por temporada, además de los sesenta que el Valencia pagaría al club zaragozano. Evitado el descenso en Granada y tras una comida en la Ciudad Deportiva días antes, entre el presidente Zalba y el presidente che José Ramos, el acuerdo quedaba cerrado con un apretón de manos y una foto histórica.

Sin suerte en el “Turia” en un equipazo

El entrenador del Valencia era Heriberto Herrera, paisano de Paraguay, que se presentó una noche en su casa de Zaragoza y le rogó que fichase por su equipo. “Vamos a ser campeones, Lobo, contigo seremos campeones, vente a Valencia, paisano”, y a Valencia marchó Lobo Diarte. Allí se juntó con Kempes, Rep, Bonhoff y Claramunt. Un gran equipo, pero la suerte le resultó esquiva y aquel jabato de Paraguay, que se comía la hierba de pura sangre, rompía caderas con su juego de cintura y remataba de cabeza como las mejores águilas, tuvo que dejar Mestalla. Se topó con la burocracia, con los papeles que no entendían de arte ni de goles, que reclamaban unos apellidos mal puestos, cosas de intermediarios.

De Valencia a Salamanca y Betis

Del Valencia al Salamanca, del Salamanca al Betis, al Currobetis, a un equipo de virtuosos, que regentaba un tal Cardeñosa, sobresalía con poderío un tal Gordillo, desfilaba por la banda como un rayo un tal Morán y machacaba el mejor Lobo de todos los lobos de la manada: un tal Carlos. Pero el Lobo se quedó con esa nube de dudas que el destino le colocó en su tejado: el Real Madrid. Un día me dijo: “Me presentaron a don Santiago Bernabéu, que me dio una palmada cariñosa en el hombro y me miró a los ojos. Jamás nadie me había mirado así. Era la mirada de un rey. O la de un padre. No sé decirlo, pero nunca olvidaré sus ojos”.

A Francia y por fin su retirada

Del Betis marchó a Francia, donde jugó en el Saint Etienne y se trajo a Muriel Sáez, una chiquilla, hija de inmigrantes españoles, que le acompañó en los días y en las noches, en todas las semanas y en los meses, en las alegrías y en las decepciones, cuando el camino se empinaba y cuando lo alisaron las autovías de los buenos ratos; en el dulce de leche y cuando el vinagre empapó sus momentos; con los amigos que le acompañaron en la noche llena de gruesas estrellas y se marcharon cuando la noche se quedó sin estrellas. Pero él siguió allí, modelando a Enzo y a Carlos Bryant, aconsejando a Giovanna y a Jessica. Siempre bajo el silencio compañero y leal de Muriel.

Sin suerte como tecnico

Allí en Francia llego su retirada,Diarte lo intentó como entrenador y dirigió nueve partidos al Salamanca en Primera División y al Gimnastic de Tarragona en Segunda pero fracasó. Incluso lo intentó como seleccionador nacional de Guinea Ecuatorial. Entonces unas pruebas médicas le obligaron a dejarlo todo. “Cuando mejor estás, te golpea. Es duro luchar contra esta enfermedad”, explicó.

Una autentica bestia, un “Lobo Feroz”

Tan poderoso como fue físicamente, su debilidad como espectador y entrenador siempre fue Iniesta, la esencia de la belleza y la sensibilidad. “El fútbol lo tengo pegado a los talones y me sube por el corazón”, agregó El Lobo, a modo de despedida.

Así nos dejaba un ídolo y un mito blanquillo y también Valencianista, un jugador de otra época, sin duda, quizás no el mejor porque lo hermoso del fútbol es la gama de colores pero sin duda “el Lobo mas feroz de su manada”. Siempre en el recuerdo Don Carlos Martínez “LOBO” Diarte ….

Fuente: Wikipedia, Diarios nacionales deportivos, Diarios de información general

Compartir:Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter

Etiquetas: , , , ,

Más historias deAsociación

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies