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El talón de Achille (Real Zaragoza 1 – Nàstic de Tarragona 2)


El Real Zaragoza se despidió anoche en la Romareda de cualquier aspiración por el ascenso que le pudiera quedar, al caer derrotado ante uno de los colistas de la categoría. El abismo del descenso se queda a solo cuatro puntos, y el equipo debe cambiar el chip y tener la permanencia como único objetivo. Mientras, los responsables se lavan las manos y además mantienen a Agné en el banquillo.

A estas alturas ya no se pueden buscar la responsabilidad de lo que sucede sobre el césped en los puestos adyacentes a la primera plantilla. Pasan los entrenadores, pasan los directores deportivos, y pasan puñados de futbolistas que la afición no hubiese esperado ver en su equipo ni en sus peores pesadillas. Pero los responsables, los que mueven los hilos, siguen ahí, haciendo y deshaciendo a su antojo, destrozando poco a poco a un histórico del fútbol español mientras litigan con el Ayuntamiento de Zaragoza intentando llevar a cabo su pelotazo urbanístico con la Romareda como protagonista de sus ambiciones. Desde el día en el que al consejero Iribarren se le cruzó por la mente sacar del banquillo a Víctor Muñoz para sentar a su protegido Ranko Popovic, el Real Zaragoza entró en un via crucis deportivo que todavía no ha terminado, y que puede llevar al equipo a la 2ª división B, lo que podría suponer su desaparición ante la imposibilidad de afrontar sus deudas con los ingresos de dicha categoría.

Ayer el Real Zaragoza lo tenía todo de cara para cambiar la dinámica y retomar la senda de las victorias. Partido en casa, ante el penúltimo clasificado del campeonato, y con el esperado debut de Samaras en el horizonte. Por si fuera poco, también abrió el partido muy pronto. A los cuatro minutos, Lanzarote envió un balón a la espalda de la defensa tarraconense, Ángel le ganó la carrera a Suzuki, controló el esférico, y batió a Reina con un disparo cruzado que llevó la alegría a las gradas. Sin embargo, lo que hasta no hace mucho tiempo hubiera supuesto el preludio de una fiesta con un partido abocado a una victoria clara, ayer no fue sino otra historia de esperanzas truncadas, cuando el equipo dilapidó la ventaja y se dejó remontar por un rival con menos fútbol, pero más oficio y puntería. Porque de nuevo demostró ayer el Zaragoza que necesita de un gran puñado de ocasiones para conseguir marcar un gol.

El propio Ángel, en una jugada que fue un calco del gol (pase de Lanzarote a la espalda de la defensa, gran control del delantero, disparo cruzado ante la salida de Reina) tuvo ocasión de dejar el encuentro visto para sentencia en el minuto 7, pero el poste repelió su remate, en la primera de las tres veces en las que la madera impidió el gol blanquillo. El Nàstic aguantaba el chaparrón sin dar mucha guerra arriba, apostándolo todo a la fortaleza de Achille Emaná, en una formidable pugna con Marcelo Silva, y a la rapidez de Juan Delgado. Cerró mejor la defensa, impidiendo que el Zaragoza volviera a ganarle la espalda, y el equipo de Agné se aferraba a sus dos únicas maneras de crear fútbol desde que consideró que un jugador como Erik Morán era prescindible (titular en Primera División desde que llegó al Leganés, recordemos): balones colgados al área desde las bandas, o pelotazos en largo para que Ángel se busque la vida. Pero claro, no es lo mismo que el balón lo envíe Lanzarote o Cani, a que lo haga Cabrera desde la frontal de su área.

El Nàstic necesitó muy poco para empatar la contienda. Tras un primer intento de Emaná, detenido por Saja, Juan Delgado dio su primer aviso con un disparo cruzado que se escapó junto al poste en el minuto 25. Cuatro minutos después, los dos puntas visitantes fabricaron el gol del empate. Emaná se alejó del área para controlar un balón lejos del férreo control de Marcelo Silva, y se lo cedió a Juan Delgado, quien entró en el área con poca oposición, y batió a Saja por bajo. Con un cuarto de hora hasta el descanso ambos equipos elevaron un punto su intensidad, pero la ansiedad hizo mella en el Real Zaragoza y no fue capaz de atinar cerca del área de Reina. El Nàstic vio que el equipo maño era presa de los nervios, y aprovechó para buscar la victoria con el mismo ahínco que los locales, aunque sin crear tampoco ocasiones claras de peligro.

Samaras debutó ayer con el Real Zaragoza

En la segunda mitad el Zaragoza atacaba y terminaba las jugadas, pero sendos remates de Zapater, Lanzarote o Ángel no acertaban a ir entre los tres palos. A los diez minutos Agné retiraba a un desaparecido Xumetra para dar entrada a Edu García, demostrando una vez más que prefiere ser fiel a sus ideas por muy perjudiciales que sean para su equipo. Que Xumetra sea titular por delante de Edu es digno de investigación. Porque además, para cuando el canterano salta al césped, el equipo ya está agobiado por las urgencias, y el juego por bandas ya casi ha desaparecido, para apostarlo todo a los zapatazos de Cabrera, de modo que Edu se ve obligado (como ayer) a moverse por toda la media punta para entrar en juego y crear peligro. Y lo cierto es que lo crea. Sin embargo, ayer no acompañó la suerte o la precisión en el pase, y la defensa tarraconense desbarataba todas las intentonas locales cerca del área de Reina.

Agné decidió poner en juego a Samaras, pero justo cuando se iba a producir su cambio, el Nàstic botó un córner por parte de Tejera. Sergio Molina se adelantó a todos en el primer palo y peinó el balón hacia el segundo, donde completamente libre de marca, Suzuki marcó el 1-2 a placer. El jarro de agua fría fue tremendo, porque el Nàstic había marcado dos goles con solo tres ocasiones, mientras que el Zaragoza ladraba y ladraba cerca del área de Reina, pero sin terminar de morder. Lanzarote dejó su sitio en el campo para que la incorporación de Samaras, y todavía le dio tiempo a Agné de indicar una orden más: el cambio de posiciones en la parte izquierda de la zaga entre Feltscher y Cabrera, para dejar al uruguayo casi como extremo. Y a partir de ahí, Agné desapareció. Ni una indicación más, ni una orden. Ni siquiera el tercer cambio, con un delantero como Buenacasa en el banquillo. Manos en los bolsillos, mirada de circunstancias, y la boca cerrada. Claro que para qué va a hacer nada, si aunque el equipo acabe derrotado en casa una vez más, el consejo de administración no va a tomar ninguna decisión sobre su futuro. Recordemos una vez más: una victoria del equipo en todo lo que llevamos de 2017.

El equipo, claro, se lanzó al ataque a tumba abierta. A remar otra vez. Ángel tuvo el empate en un balón que controló dentro del área, y ante la salida desesperada de Reina remató superando la oposición del portero, pero de nuevo el poste se cruzó en su camino e impidió su segundo gol de la noche. Muy poco después, Fran dispuso de una falta directa al borde del área que puso en serios apuros a Reina. El rechace del meta visitante le cayó a Cabrera, quien de cabeza remató bombeado, pero su balón lo escupió el larguero. Tercera madera de la noche. Samaras descubría lo que es la Segunda División española cuando Iago Bouzón, aprovechando que el árbitro estaba atento a otro lance del juego, le soltó una coz clavándole los tacos en la rodilla de manera gratuita. El Nàstic se dedicó a jugar al otro fútbol, pues atrás Marcelo Silva (ya sin Emaná en el campo) se bastaba para neutralizar los ataques visitantes. Proliferaban los jugadores lesionados por doquier en el equipo de Juan Merino, y el colegiado decidió añadir cinco minutos de prolongación.

De nuevo pudo empatar el Zaragoza en otra falta directa lanzada por Fran que Reina detuvo, y cuando agonizaba el partido, Cabrera centró desde la banda un balón que Feltscher remató de cabeza, pero que se perdió fuera rozando el poste. No dio tiempo para más, pero no se puede echar la culpa a la falta de tiempo para no haber conseguido más goles. Tras 85 minutos de partido y 5 de prolongación, no. Se puede apuntar a la falta de puntería, la mala suerte de los tres postes, la falta de ideas a la hora de crear fútbol (en la Romareda el balón vuela más que rueda, quién lo hubiera dicho), o las malas decisiones en la planificación de la plantilla, desaprovechando jugadores como Erik Morán. Se puede decir que no tenemos entrenador (ayer desapareció en el minuto 73). Sea como sea, una cosa queda clara. Adiós al retorno a la Primera División, hola a la lucha por la permanencia. Y perder contra rivales directos no es una buena idea.

Ficha técnica:

Real Zaragoza: Saja; Fran, Marcelo Silva, Cabrera, Feltscher; Zapater, Javi Ros; Lanzarote (Samaras, 73), Cani, Xumetra (Edu García, 55); y Ángel.

Gimnàstic Tarragona: Manolo Reina; Lobato, Suzuki, Djetei, Iago Bouzón, Mossa; Luismi (Molina, 44), Tejera, Madinda (Barreiro, 85); Achille Emana (Alex López de Groot, 66) y Juan Delgado.

Árbitro: Figueroa Vázquez (Comité Andaluz). Amonestó a Iago Bouzón (14), Tejera (24), Juan Delgado (77) y Madinda (79).

Goles: 1-0, min. 4: Ángel. 1-1, min. 29: Juan Delgado. 1-2, min. 72: Suzuki.

Incidencias: Noche agrable en Zaragoza, con 14 grados tras un día más primaveral que de invierno. El césped de La Romareda presentó un buen estado. En las gradas, alrededor de 15.000 espectadores, de ellos un centenar tarraconenses. En la tribuna estuvo el exdirector deportivo de la SAD zaragocista Antonio Prieto.

Cabrera se lamenta tras rematar un balón contra el larguero

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