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El sueño se esfuma (R. Zaragoza 0 – Girona 3)


En ocasiones, el fútbol es injusto. O tal vez hay hombres que marcan la diferencia, y hacen que la balanza se incline hacia uno u otro lado. El partido se inició con una avalancha zaragocista, tanto en el césped como en la grada, que solo pudo ser detenida por un extraordinario Becerra. El portero del equipo gerundense mantuvo a salvo a su escuadra, cuando sus compañeros, con el recuerdo del último partido de Liga aún presente, tan solo se las podían apañar para cortar en falta una y otra vez el juego ofensivo de los locales.

Así, ante la total permisividad del colegiado castellano leonés Valdés Aller, la línea de la media punta blanquilla no hacía más que recibir faltas, sin que el árbitro mostrara ni una sola amarilla. Cuando la primera que mostró fue para Dorca, la grada se vino abajo abroncando su parcial actuación. Si a eso se le suma que a lo largo del partido hasta cuatro balones golpearon en las manos de jugadores del Girona, una de ellas dentro del área, y tan solo decretó una falta (y sin amonestación), la conclusión que queda es que resultó muy perjudicial para los intereses zaragocistas.

Todos estos ingredientes hicieron posible una total comunión entre equipo y grada, como hace tiempo que no se vivía. La afición llevaba en volandas al once blanquillo, que soltaban zarpazo tras zarpazo hacia el área gerundense. remates de Rubén, Dorca o Pedro se encontraban con un inmenso Becerra o se perdían a escasos centímetros de la portería. El Girona estaba encerrado atrás, y tan solo Mata o Sandaza esperaban arriba para pillar algo al contragolpe.

 

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Y así sucedió. En el ecuador de la primera parte la defensa gerundense despejó en largo un balón escorado a banda derecha. La pelota llegó mansamente al área zaragocista, con Mata persiguiéndola sin mucho afán previendo el despeje en largo de Whalley. Sin embargo, en un error que costará previsiblemente la eliminatoria, el portero intentó controlarla con el pie para introducirla en el área y así poder cogerla con la mano. Mata metió el pie y se llevó el balón ante un Whalley impotente, que solo pudo perseguirle para ver cómo establecía a placer el 0-1 en el marcador.

El mazazo fue tremendo. Todo el equipo se quedó helado, y en la Romareda solo se oían a los aficionados del Girona celebrando el tanto de su equipo. Con ese gol se pusieron las pilas, y empezaron a poner las cosas difíciles al Real Zaragoza. El ataque se hizo mucho más trompicado, las faltas se multiplicaron, y la única opción del Zaragoza parecía venir a balón parado. Ahí destacó de nuevo Becerra, quien hizo un paradón antológico a un remate de Dorca que la Romareda ya cantaba como el gol del empate.

Para poner una losa todavía más pesada, justo cuando el electrónico marcaba la llegada del descanso, el Girona botó un córner que voló hacia el borde del área pequeña. Whalley, en otro grave error, no se decidió a terminar de salir a por el balón, y solo Vallejo intentó despejarlo cuando Lejeune, entrando desde atrás sin marca, remató a placer el 0-2. El efecto de este gol psicológico fue demoledor.

 

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En la segunda mitad el Real Zaragoza nunca le perdió la cara al partido, y eso es algo a reconocer y agradecer. Nunca bajaron los brazos, nunca dejaron de intentar marcar gol para mejorar sus opciones en el partido de vuelta. El Girona se encontraba muy cómodo defendiendo con siete hombres y buscando el contragolpe. Mata fue una auténtica pesadilla para la zaga blanquilla durante todo el partido, y de hecho no solo marcó el definitivo 0-3 al filo del cuarto de hora de juego, sino que Whalley y la defensa tuvieron que pararle en sendas ocasiones en las que pudo terminar de hundir completamente al zaragocismo.

Porque por imposible que parezca el objetivo de superar la eliminatoria, el equipo no puede dejar de disputar el partido de vuelta. Necesita cuatro goles (encajando uno como máximo) para darle la vuelta a la tortilla, y tras lo visto ayer, parece harto imposible. Con toda la voluntad del mundo, faltó la puntería. Pedro dispuso de ocasiones pero ninguna llegó a concretarse. Becerra salvó de nuevo a su equipo tras un remate de Willian José que salió mordido por golpear en un defensa y casi se le coló pegado al poste izquierdo.

Con los tocados Cabrera, Basha y Javi Álamo como refuerzos, tampoco supo encontrar el camino el Zaragoza, y entre el apoyo incondicional de la grada, cantando el himno del club en los minutos finales del encuentro, terminó el partido sin haber podido enmendar un poco el marcador. Todavía queda una bala el próximo domingo, pero se antoja misión imposible. Solo queda aplaudir al equipo por el esfuerzo y a la afición por su incondicional apoyo, y esperar que el domingo, sin nada que perder, el equipo haga un partido digno.

 

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Ficha técnica:

Real Zaragoza: Whalley; Fernández, Mario (Javi Álamo, min.68), Vallejo, Rubén (Cabrera, min.68), Rico; Dorca, Ruiz de Galarreta (Basha, min.55); Pedro, Eldin; y Willian José.

Girona F.C.: Becerra; Cifuentes, Íñiguez, Richy, Lejeune, Juncá (Aday, min.49); Pere Pons, Eloi Amagat (Felipe Sanchón, min.65), Granell; Mata y Sandaza (Rovirola, min.79).

Goles: 0-1. min.23. Mata; 0-2. min.45+. Lejeune; 0-3. min.59. Mata.

Árbitro: Valdés Aller, del Comité Castellano-leonés. Amonestó con tarjeta amarilla a los locales Mario y Dorca y a los visitantes Juncá, Pere Pons y Felipe Sanchón.

Incidencias: partido correspondiente a la ida de la primera eliminatoria de a Promoción de ascenso a Primera División disputado en el estadio de La Romareda de Zaragoza ante unos 24.000 espectadores.

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