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Ataque de vértigo (Real Zaragoza 1 – Getafe 2)


El Real Zaragoza se despidió ayer de cualquier pretensión por alcanzar la zona de playoff por el ascenso con una derrota ante un Getafe con más suerte de cara al gol. A seis jornadas del final del campeonato, asegurar la permanencia es el único objetivo.

Es lógico, de todos modos. Que la afición se animase tras los resultados obtenidos desde que César Láinez se hizo cargo del banquillo zaragocista. Los números dejaban la cosa todavía a tiro tras ganar al Mirandés, y la victoria ante el Getafe suponía un acercamiento demasiado real como para no tenerlo en cuenta, pese a no tener aún confirmada la permanencia. Así que es disculpable que una gran parte de la afición de la Romareda cantara anoche el famoso “¡Sí se puede!” cuando Ángel, quién si no, adelantó al Real Zaragoza en el marcador. Pero el Getafe no es el Mallorca ni el Mirandés, y anoche lo demostró.

Y no le hizo falta esperar a la segunda mitad para dejarlo claro. Ya desde el inicio se hizo dueño del balón, y la consigna era clara: aprovechar las bandas del Zaragoza, su principal debilidad. Con Jorge Molina como su amenaza más destacada, el Getafe no dudó en usar una y otra vez las bandas para acechar el área defendida por Ratón. Y cuando no había un camino claro hacia ellas, Cata Díaz colgaba un balón desde la defensa buscando la espalda de los centrales blanquillos. José Enrique intentó hacer lo mismo en una ocasión, pero tras ver que ni Cani ni Ángel iban a buscar su envío, el central les recriminó su poca movilidad y no ir a buscar espacios, y prometió no volver a colgar un esférico más en todo el partido. Y cumplió su palabra.

El Real Zaragoza se encogió de hombros ante la propuesta de los madrileños y su propia incapacidad ofensiva, y se dedicó a esperar alguna contra apostando por la velocidad de Ángel. El punta tinerfeño vivía en el alambre del fuera de juego, y eso sumado a la pasividad del colegiado Eiriz Mata (hay una diferencia entre dejar jugar y no pitar faltas clamorosas) hizo que el Getafe se permitiera cortar el juego ofensivo local apelando al juego duro y a una defensa adelantada. Hasta el minuto 30, cuando Chuli vio cartulina amarilla por protestar tras recibir una falta de Casado y no ser sancionada, el árbitro dejó que ambos equipos se midieran sin señalar apenas faltas.

Y en una contra se encontró el Zaragoza el gol. Cani destapó el tarro de las esencias con un pase a Ángel, posiblemente en fuera de juego, que el tinerfeño convirtió en su vigésimo tanto ante la salida de Alberto. No es que ninguno de los dos equipos hubieran podido abrir el marcador con anterioridad, porque tanto Bedia como sobre todo Portillo fallaron claras ocasiones. El Getafe se puso muy nervioso, como si fuera el descenso lo que se estaba jugando, y recibió una lluvia de amarillas en los minutos finales de la primera mitad. La cuarta y última, la de Damián, fue tras soltar el brazo hacia Ángel cuando el delantero se quedó quieto y no persiguió un balón por estar en fuera de juego. Sus compañeros de zaga recriminaron al linier no haber pitado el orsay, sin darse cuenta de que si el delantero no hace por disputar el balón, no se corta el juego.

Ángel no faltó a su cita con el gol, pese a la ocasión final fallada

Tras el descanso llegó la incertidumbre, cómo no. El Zaragoza no tardó nada en adoptar la postura “gato panza arriba” que lleva exhibiendo en los últimos partidos, y dejó el partido en manos del Getafe. Lo peor no es que se le dejara al conjunto de Bordalás libertad total para atacar la portería de Ratón, sino que además se cometían tremendos errores atrás que iban a costar caro. Uno de los más repetidos, comentados por Láinez tras el partido, fue el empeñarse en jugar el esférico hacia atrás, incluso cuando se estaba a pocos pasos del área propia. El caso más destacado fue el de Bedia, que bajaba a recibir el esférico pero, en lugar de darse la vuelta y encarar el centro del campo, rápidamente lo devolvía atrás y se iba.

Las dos primeras veces que lo hizo Molina estuvo a punto de marcar en ambas. La Romareda le recriminó ese comportamiento a Bedia, pero el centrocampista, en su partido más flojo con la elástica blanquilla, lo volvió a repetir. La cuarta vez fue más bien un intento de despeje, pero dejó el balón en una estupenda posición a Sergio Mora, quien desde la línea de fondo le sirvió en bandeja un balón a Jorge Molina, quien empató a placer. La respuesta de Láinez fue retirar a Cani para poner a jugar a Javi Ros, quien se dedicó una y otra vez… a pasar el balón hacia atrás.

Así pues, el Real Zaragoza no encontraba la manera de acercarse al área del Getafe. Pombo no pudo hacer nada destacado como media punta y tras el ingreso de Ros volvió a la banda, pero pese a las continuas subidas de Casado, apenas consiguieron sacar ventaja por ahí. En la otra banda, Lanzarote estaba desaparecido, e Isaac no podía el solo con el ataque y la defensa. Bedia vio la quinta amarilla al hacer una falta en el centro del campo, y a raíz de ella vino el segundo gol visitante. Toda la suerte que tuvo el Zaragoza en su gol ante el Mirandés sonrió al Getafe cuando Faurlin remató el esférico a la base del poste tras superar a Ratón, para rebotar en la cabeza del guardameta mientras estaba en el suelo, y colarse en su portería.

Láinez retiró al desafortunado Bedia para dar entrada a Samaras, y poco a poco el conjunto se empezó a estirar, aunque con el miedo de que el Getafe le cogiera la espalda en una contra y sentenciara el encuentro. Sin embargo, el empate podía ser muy importante, de modo que al final, el equipo maño tocó a rebato y empezó a atacar como no había sabido hacer en todo el partido. ¿Por qué no jugar así toda la segunda mitad, en lugar de regalarla al rival? Casado pidió el cambio y Valentín entró como central, enviando a José Enrique a la banda. De esta manera el equipo trataba de crear juego ante un Getafe cada vez más encerrado atrás.

Las ocasiones llegaron, por supuesto, aunque a cuentagotas. Una falta directa lanzada por Lanzarote, colocada pero muy blanda, fue despejada por Alberto, mientras Isaac se tragaba las ganas de probar fortuna con un disparo más contundente. A la salida de un córner el balón le fue a caer, tras varios rebotes, a Valentín, pero remató con el alma y sin colocación y mandó el empate a las nubes. Y cuando el partido ya moría, Ángel recibió un pase de oro a puerta vacía tras superar el esférico a Alberto, pero se le escurrió entre las piernas al intentar rematarlo, para desolación de toda la parroquia maña. Al final se pagó caro el desacierto, y el no apretar los dientes y luchar por tres puntos vitales, tras dejarse llevar por los cantos de sirena de que todavía se podía luchar por el ascenso. El equipo repite que no, esperemos que la grada se dé cuenta de que la salvación es, sí o sí, lo único por lo que todavía se va a tener que luchar. Y mucho.

Ficha técnica:

Real Zaragoza: Ratón; Isaac, Marcelo Silva, José Enrique, Casado (Jesús Valentín, 77); Zapater; Lanzarote, Edu Bedia (Samaras, 73), Cani (Javi Ros, 65), Pombo; y Ángel.

Getafe CF: Alberto García; Damián, Cata Díaz, Cala, Molinero; Faurlín (Lacen, 70), Mora (Gorosito, 82); Chuli (Fuster, 65), Portillo, Pacheco; y Jorge Molina.

Árbitro: Eiriz Mata (Comité Gallego). Amonestó a Chuli (30), Mora (33), Pacheco (43), Damián (44) y Edu Bedia (71).

Goles: 1-0, min. 39: Ángel. 1-1, min. 63: Jorge Molina. 1-2, min. 71: Ratón, en propia puerta.

Incidencias: Noche nublada en Zaragoza, con tiempo fresco, húmedo y unos 15 grados. El césped, como es habitual, presentó una buena vista, aunque se adivinaban algunas irregularidades en la hierba. Las  gradas de La Romareda acogieron a mucho público juvenil mediante diferentes promociones de entradas. Asistieron al partido unos 17.000 espectadores, de ellos, más de 250 getafenses.

Samaras sumó más minutos, intimidando a la defensa rival

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